• Iván Márquez

La agonía de la generación de la indiferencia.


Haciendo lobby en una campaña anti taurina, pude notar en la sala del congreso estatal la remarcada diferencia entre uno y otro bando, por parte de los defensores de los animales gente joven, proactiva que desinteresadamente apoyaba y que denotaba cierto entusiasmo contagiable, no iluso sino alentador, su némesis, gente sexagenaria con uno que otro desbalagado cuarentón encargado de realizar las labores tediosas que implicaban un desgaste físico como lo podía ser trasladarse de un lado a otro de la sala, gritar consignas, acorralar diputados, hostigar e intimidar animalistas porque eso si, como común denominador independientemente de la edad la cara de pocos amigos era emblemática.

Fue entonces cuando comprendí que para todo existía un tiempo y que independientemente de la amafiada resolución negativa que tomarían los diputados todo en la vida tiene un curso y es perecedero, logre identificar en aquellas personas a lo que llamamos la generación de la indiferencia, quienes por obvias razones de antigüedad aún tienen tomado el sartén del poder por el mango pero que a su vez se les va recorriendo la mano hacia la punta de este a medida que el calor va incrementando. Ese calor es sin duda alguna la generación milenaria. ¿Quién de nosotros en algún punto no se ha visto involucrado en encendidos debates con alguno de ellos? ¿Cuántos de nosotros no optamos mejor por la retirada digna al percatarnos de la impermeabilidad de la cabeza del opositor? Por desgracia en cuanto a la creación de la conciencia respecta, la barrera del lenguaje resulta ser problema de niños cuando la terquedad de la costumbre predomina.

Justo es decir que dentro de esta generación, viven atrapadas personas cuya inclusión es motivo de frustración y vergüenza, pues habiendo tenido todo a su favor para la solución a problemas ambientales, de protección a otras especies e incluso de desigualdades sociales, la generación de la indiferencia opto por tomar ventaja y enriquecerse del sufrimiento en lugar de erradicarlo. Estas personas atrapadas precursores de los diferentes movimientos de liberación, junto con algunos de nosotros no viviremos para presenciar el cambio, pues el desenlace es lento pero aun así prometedor, sin embargo el rol que jugaron en la historia marcara la pauta a las nuevas generaciones quienes más que avergonzadas se sentirán liberadas de haber erradicado un cáncer social y cuyo recuerdo de dicha generación solo evocara las razones de lo que nunca debió haber existido.

Fin de la tauromaquia

Cada nuevo día desfavorecidos en número, los asiduos a espectáculos taurinos, peleas de gallos, peleas de perros, zoológicos, cazadores ( no enlisto más porque el asco puede echarme a perder la comida que desde hace media hora espero) tienen que replegarse a ruedos y palenques cada vez más pequeños y sitios recónditos donde nadie les vea o les moleste, pues lo acepten o no, los inextirpables y enfermizos gustos que producen placer del sufrimiento ajeno y característicos de su generación, indirectamente les comienzan a generar brotes de vergüenza y no por que quienes estamos en contra de sus “refinadas” costumbres lo digamos, sino porque en su exclusivo núcleo familiar, social y cultural, la infiltración de nuevas ideas, costumbres y visión compasiva que consigo trae la invasión silenciosa de la nueva generación es inevitable.

Morirán peleando, porque antes que humildes y evolutivos son egocéntricos, nos harán pasar aun unos cuantos corajes más antes de extinguirse, buscaran incluso la perpetuidad de su patología mediante reformas a constituciones y leyes que influencien nuevas generaciones, sin embargo, nada se escribe para siempre y cuando ya no estén no habrá quien les defienda, no habrá quien tenga la misma concepción de arte, tradición y cultura y esto abrirá entonces si paso a nuevas leyes….mientras tanto sigamos apreciando como reticentemente se marchitan y haciéndoles la despedida “amena” en un optimista sentido figurado.

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Ivan Marquez

#Gallosdepelea #toros #tauromaquia #crueldadanimal

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