• A Stitch por aniversario.

¿Que pasa cuando muere mi mascota?


Años pueden pasar sin que nuestras vidas tengan un rumbo exacto, visualízalo como una nave a la deriva con la que solemos forcejear cotidianamente dentro de nuestra cabeza para tomar el timón y pretender guiarla hacia rumbos certeros que creemos convenientes, como es de esperarse sobreviene una serie de accidentes naturales que nos arrojan una y otra vez contra escollos donde sus arrecifes dañan irreversiblemente el casco de esa embarcación denominada voluntad….se daña lo que se encuentra debajo del agua, lo que nadie puede ver pero esencial para mantenernos a flote, la superficie, no es más que aquello que proyectamos de nosotros, lo que permitimos que los demás vean, a lo que comúnmente ponemos especial empeño en mantener estéticamente bello…¿Y porque no?. – A final de cuentas es lo que todos verán mientras que lo que hay debajo de la superficie se sigue pudriendo.

En tormentas verdaderamente inclementes, buscamos aferrarnos a algo sólido que no permita que nos vayamos de picada hacia el fondo, lo que sea es bueno, algunos se afianzan de otras personas, otros se afianzan a posesiones materiales, religión, causas sociales, los egocentristas se afianzan a sí mismos, relaciones efímeras, sexo, drogas etc.

Pero aun en la más absoluta obscuridad, hay una ligera posibilidad de encontrarte con algún faro que te guie nuevamente a tierra firme, que determine tu rumbo, que te ponga a salvo. Estos faros comúnmente vienen en las más inverosímiles formas de vida, para mí….fue un perro, un simple pero grandioso animal.

Para todos lo que me conocen, obviamente saben y han escuchado hablar de Stitch hasta el cansancio, pues jamás reparo en dejar de hablar de él y de cómo cambio mi destino, dándole rumbo a mi vida de una manera que me permitiera ayudar a los demás a encontrar el suyo a través del equilibrio que encontré en el sencillo acto de tomar una vida por la que nadie da un pinche centavo y transformarla, pulirla hasta que aflore su valor intrínseco que radica en la vida misma y en la belleza de solo ser.

Su historia que comparto en este enlace no la repetiré.

Hoy a cuatro años de habernos separado de plano dimensional, no platicare de lo que sucede, del dolor, del remanente de nuestra persona cuando se van, de lo que se llevan, de la incertidumbre que nos dejan, de lo mucho que extrañamos y de lo que nos arrepentimos…bueno de lo que nos arrepentimos si porque si hay algo que a la fecha no dejo de reprocharme, es la omisión de la certeza del hecho que algún día se van, de la caricia extra que no di, de los minutos que no añadí al paseo, de las horas que no le prolongue a nuestro sueño cuando tumbados en la cama nos mirábamos condescendientes a los ojos esperando a ver quién se levantaba primero para secundarlo, dejando que fuera siempre la maldita obligación quien nos dictara el momento…. Y todas esas cosas por las que hoy literalmente abandonaría todo por tener de nuevo, porque si algo aprendí con él, es que la diferencia entre tenerlo todo y no tener nada, radica en nuestra capacidad de levantarnos, reconstruirnos una y otra vez cuantas veces sean necesarias. Al verlo levantarse de cada una de sus embolias aprendí a levantarme yo de mis crisis, comprendí que lo que nos mueve no es el fin sino el proceso, que la meta es el camino y que disfrutarlo es la verdadera felicidad por que algunas de las metas que elegimos muchas veces nos sobrepasan en tiempo de logro y nos faltara vida para vivirlas.

¿Qué pasa cuando se van?...¡Crecemos! .. no se van nada más porque si, nos los piden prestados cuando cumplieron su misión pero siempre con la reserva de devolvérnoslos en un tiempo que nos tomaría vidas asimilar. Irónicamente, Stitch se fue a muy pocos días de haber hecho una publicación donde hacíamos un pacto de vida, un pacto donde literalmente reconocía haber aprendido lo que yo sin saber venía a enseñarme….quien iba a decir que ese pacto señalaría el momento en el que el sabría que había cumplido su objetivo y era hora de partir a lugares donde solo tras conseguir algunos meses después la paz interior pude comprender. Fue así como también aprendí que no se van, permanecen como lo hace cualquier ser querido al que egoísta y estúpidamente decimos que perdimos, siempre tan acostumbrados a afianzarnos a lo material tratando de encontrarlos en un cadáver, unas cenizas cuando todo el tiempo están en el único lugar donde omitimos buscarles.

Para poder percibir su presencia por paradójicamente sencillo que parezca, necesitamos estar abiertos, sin la distracción que la cotidianeidad nos representa, porque es justo cuando no pensamos en nada cuando ellos buscan la manera de comunicarse, cuando nuestra mente esta estática, suelta y presta a escuchar y percibir las múltiples señales que de la nada se convierten en centinelas de los canales de comunicación. (En este punto, quiero realizar una pequeña pausa para aclarar que no me he metido nada, que no he fumado ni tomado nada y que tampoco estoy loco de atar). Antes de Stitch podría haber pensado lo mismo que ustedes…. Pero no ahora, no hoy, no en su día, cierro la pausa y prosigo.

Cuando se van fungen como el remolcador al momento de soltar el lastre de nuestra embarcación después de conducirla a mar abierto fuera del peligro de los arrecifes de nuestra inseguridad, soberbia y egocentrismo. Todo un océano para nosotros para navegar con la certeza de que nos estarán esperando cuando volvamos a penetrar en aguas inciertas para guiarnos. Obvio…tenemos que aprender a encontrarlos de nuevo.

Pues en pocas palabras ese fue mi Stitch, mi faro, mi remolcador y mi estrella del norte con la cual es fácil mantenerme orientado, todos tenemos una, todos en algún punto de nuestras vidas nos hemos separado de alguien que representa lo que él me representa.

Seguido me encuentro con publicaciones en las redes sociales cargadas de dolor tras la separación por que vuelvo a enfatizar que llamarlo perdida es absurdo, percibo el dolor y me solidarizo, sin embargo, hay momentos en los que no puedo evitar la sonrisa interior de complicidad con todos aquellos a quienes por ahora no pueden ver, porque ellos, muchas otras personas y ahora yo, sabemos que siguen aquí pendientes de que no se pierda el rumbo, siempre atentos y en compañía, comunicándose de diversas maneras….esperando a que algún día sean capaces de percibirlos y escucharlos.

¿Cuánto tiempo tomara? – Eso solo depende de ustedes que yo ya cumplí con decírselos.

#muertedemascotas #animalesdecompañia #perdida

69 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Peluche, el perro que no orina.

Habiendo tenido en algún momento cerca de 120 perros rescatados, rehabilitados y listos para irse a un hogar, era de darnos topes contra las paredes cada que nos mataban la ilusión al ver llegar una f