• Iván Márquez

El loro de Scarponi


Una buena amistad junto con el tiempo, deberían ser las posesiones más atesoradas por el ser humano, mas cuando se trata de una amistad que trasciende en especie, pura, desinteresada, matizada de amor como la que suelen ofrecer los animales y que aun en la perdida prevalece.

Michele Scarponi era un ciclista italiano cuyos entrenamientos tenían la particularidad de ser mucho más amenos dada la compañía de un loro a quien bautizo como Frankie, un ave que a pesar de contar con la bendición de la libertad para volar donde fuera que el placer le dictara optaba por acompañar al ciclista postrado en su hombro, juntos recorrieron incontables kilómetros y fueron inseparables el tiempo que el destino les permitió; este 22 de abril durante un entrenamiento de rutina Scarponi fue arrollado por un camión y perdió la vida, como de costumbre iba acompañado de Frankie quien presencio la tragedia y en su inocente percepción inhábil para comprender lo que sucedía no se percató de la gravedad de la situación; realmente no se necesita ser muy perspicaz para comprender que el dolor de la memoria de su amigo y la esperanza de volverle a ver son tan grandes que aun días después de su partida Frankie ha sido visto esperándole postrado sobre los señalamientos de transito donde ocurrió el fatídico accidente, paciente, expectante, con la mirada clavada en el punto donde convergen los diferentes caminos, soportando una pena que ha mutilado sus alas y le impiden emprender el vuelo que implica asimilar que su mejor amigo ha partido hacia otra meta por un camino donde por ahora a Frankie no se le permite volar.

¿Cuantas historias más como esta serán necesarias para que el ser humano sea capaz de comprender que para asignar el valor y derecho universal del respeto a los animales el cuestionamiento no radica en si son capaces de razonar para merecerlo sino en si son capaces de sentir?

Sensaciones complejas como la tristeza, la alegría, el dolor, el enojo y el temor, no son condiciones únicas del ser humano, absolutamente todas las especies las experimentan con la misma regularidad que nosotros y resulta patético como buscando justificar tanto daño que les hacemos tenemos la osadía de comparar la intensidad de las emociones y buscar equipararlas con las nuestras para solo así validarlas, las emociones no se presentan en grados, medirlas fue un absurdo invento nuestro siempre buscando la manera de mantenernos competitivos y demostrar hegemonía; quien siente más, quien sufre más, siempre hablando el lenguaje del egocentrismo.

En ProvidAnimal a lo largo de nuestra trayectoria como protectores de animales, muchas veces tuvimos el ingrato momento que nos topaba frente a frente con esas miradas de tristeza y dolor, miradas que suplicaban más que la ayuda que fuéramos empáticos hacia sus sentimientos, porque a pesar de lo mal que solemos interpretar las cosas, los animales no piden nuestra ayuda, lo que ellos verdaderamente anhelan es que entendamos de una vez y por todas que ellos también son capaces de sentir y que valoremos ese hecho inescrutable.

Estoy seguro que miles de nosotros tenemos un Frankie presente en nuestras vidas, ese amigo que nos representa todo, que le lloraremos y nos llorara en la separación, la felicidad absoluta contenida en un pelaje, plumaje, escamas o que se yo, pero si estoy convencido que ahora es un buen momento para buscar la excusa perfecta para abrazarlo y decirle lo especial que es porque en realidad nunca sabemos si en el siguiente minuto tendremos esa oportunidad.

Frankie… paciencia porque las separaciones jamás son definitivas y los caminos que te esperan por recorrer junto a tu amigo lo harán a una velocidad que por ahora supera a la de nuestra comprensión.

Q.E.P.D. Michele Scarponi


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